Greta Garbo, la mujer que más amé

Greta Garbo, la mujer que más amé

Hay nombres inextinguibles.
¿Quién no ha oído hablar de Greta Garbo?
Fue la estrella más refulgente en el Hollywood del cine silente y clásico, siempre con un halo de misterio. Se retiró con solo treinta y cinco años luego de actuar en veintiocho filmes pero sus recuerdos quedaron para siempre entre los cinéfilos.
Greta Garbo, la mujer que más amé, el libro que Armando G. Muñoz nos entrega, es una versión novelada de la parte menos visible de la actriz, a través del monólogo de Mercedes De Acosta, sobrina nieta de la Duquesa de Alba, con quien mantuvo un tórrido romance y amistad íntima por más de treinta años.
Recordemos que la homosexualidad en las estrellas de Hollywood era ocultada al gran público.

Características papel.

ISBN/13: 9788418503474
Número de páginas: 128
Tamaño: 150X210
Precio: 13.00€

Disponible en papel 13.00 €

Armando G. Muñoz

Armando G. Muñoz

Nací poco más de cuatrocientos días antes que la historia de Cuba y América cambiara, viví por casi cuarenta y nueve años el experimentó socialista cubano, no guardo los recuerdos de antes, pero tengo muy claros cada momento vivido en el proceso revolucionario, todos los experimentos con la juventud, la separación y la ruptura de las familias, la negación de la religión, el miedo a que los padres, hermanos, esposas, amigos, fueran parte del aparato represivo. No participé en las guerras imperialistas de conquistas en África, tampoco formé parte de las guerrillas que proliferaron por todo el continente en apoyo a los movimientos de izquierda que surgían en cualquier sitio del mundo. Fui uno de los tantos que se benefició del postulado martiano que dice; “todo hombre al nacer tiene derecho a que se le eduque, después en cambio debe contribuir en la educación de los demás”. Sí, estudie hasta donde quise. Hoy pienso que pude estudiar más, pero también fui uno de los que siempre tuvo la ilusión de un día salir de las fronteras marítimas que nos apresan como una enorme barrera natural, la cual ha sido sumamente útil a los represores. Pude ser un niño Peter Pan. En los sucesos de la Embajada del Perú vivía los difíciles días de soldado. Pude salir a México en el 1983, cuando el maleconazo en el 1994 y posterior éxodo de los balseros, temí que fuera una locura, además del miedo de arriesgar a mi familia en tal aventura, a Italia en 1996, a España en 1998, nuevamente a México en el 2002, pero algo siempre falló. He pasado mi vida pensando como sería si lo hubiera logrado antes, no me tocaba, esperé tanto que casi ya lo olvidaba cuando logré unirme a los millones de hermanos que hoy viven lejos de su tierra y los recuerdos de su vida. Soy uno más de los tantos que un dia salió de Cuba con un mínimo equipaje, pero lleno de sueños aspiraciones y deseos de cambiar. ¿Lo he logrado? Soy libre como nunca antes imaginé que se podía ser libre. Sí, he crecido como persona, me he redescubierto como hombre, hoy tengo más sueños que al salir, pero se acrecentaron mis posibilidades de que sean reales. Ahora pienso más como sería si lo llego a conseguir antes, pero también veo más posibilidades de lograrlo. Aquí les entrego mis recuerdos y vivencias de muchos sucesos donde participé. En mucho de ellos hay un nudo en la garganta, una lágrima que escapa rebelde; son partes de los duros días que viví en el imperio socialista donde llevó el hijo de Ángel a nuestro país, a la monarquía socialista que vive hoy la nación cubana, el trono donde se sienta el hermano heredero que se yergue sobre la muerte, las prisiones, las desapariciones, la mentira, el engañó del mundo, que aún cree en las bondades de la revolución que se anunció como la más justa e igualitaria del mundo y terminó siendo la más sangrienta y dictatorial. Es el legado revolucionario, como jinetes del Apocalipsis sólo ha dejado como recuerdos de su paso, las guerras entre hermanos, la muertes por diferencias de ideas, por no complacer al emperador o para alimentar a los tiburones del Estrechó de la Florida, el hambre, la penuria, las necesidades, las enfermedades que regresan cada día al sitio que antes se proclamaba una potencia médica. Triste recuerdo de pasadas glorias. Escribo por necesidad, cada día la conexión cerebro-dedos no interrumpe el proceso, mi llegada al exilio fue la catarsis que provocó sentarme delante del teclado y quedar atrapado.