Txipi viaja en sidecar

Margarita Arizcun Sagües
Guauuuuuuuuu. Era sé una vez que se era, una fuente que manaba amor. Se expandía en el amor. Únicamente existía amor.
En un extraño e inesperado momento, de aquel tiempo que no existe, una minúscula partícula de todo aquel maremágnum de amor, comenzó a pensar y a preguntarse: ¿Qué sucedería si me voy de excursión? ¿si me escindo de tan colosal creación de amor y me largo a vivir un sueño?
Abrió la puerta y emigró. En ese momento, de la luz, surgió la sombra. De la paz, el temor. De la tranquilidad, la incertidumbre. Se sintió pequeña, en comparación con la grandiosa fuente. Se sintió lejos. Aparecieron los miedos, los temores. La dualidad.
Experimentó la contaminación que proporcionan las emociones negativas. Comenzó a estresarse tantísimo que quiso caer en un sueño. Un letargo del que únicamente sería capaz de despertar, dividiéndose en otras muchas partículas. Porque más ya no le cabía. No podía soportarlo.
Así, en el entre-vidas, se subdividió en millones de micro-partículas. Pactaron entre ellas. Necesitadas de personaje y de escenario para limpiar toda la contaminación que la dualidad les había otorgado.
Somos la encarnación de todos esos espíritus. Somos almas. Espíritus encarnados. Adquirimos una carcasa, un cuerpo. Y una mente humana, llena de prejuicios que nos transportan a las fobias, los fanatismos. Atiborrada de emociones negativas.
Hemos venido a superarlo. Pero hasta que no tomemos consciencia de ello, es imposible.
Las cosas se hacen reales cuando tomamos consciencia de las mismas. ¿Cuándo existen pájaros en los árboles, cantando y trinando? Cuando somos capaces de escucharlos. Hasta ese momento, en nuestra mente humana, no existe ese sonido. No se hallan tales seres vivos.
Las micro-partículas hemos venido a tierra, planeta hostil por antonomasia, a evolucionar y superar las arduas pruebas que pactamos en el entre-vidas.
La buena noticia es que una parte de nosotros, nuestro ser superior, espíritu santo… quedó en el mundo espiritual y se encuentra en permanente contacto con la fuente del amor infinito. También nuestros guías y ángeles cuidan de nosotros.
Así que… ¡mucho ánimo! Nunca hubiéramos pactado una vida imposible de llevar a cabo con amor y felicidad.
Y colorín, colorado, este cuento ya ha empezado.

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