Las leyes de los cuerpos simples

Carlos Jesús Moreno Pascual
Los cuerpos simples como Amador Doria, habitan en espacios simples, entornos donde la vida no va mucho más allá de satisfacer las necesidades básicas, y algún pequeño placer como disfrutar de una tarde de lluvia desde el balcón, mientras en la calle la gente acelera el paso para no mojarse, o la sonrisa de una bella recepcionista cuando uno pasa frente a ella.
Pero con el paso del tiempo, los espacios simples tienden a volverse complejos, y terminan por expulsar a quien no puede adaptarse a ellos. El mundo de Amador también ha sufrido esa terrible metamorfosis. La tranquilidad de las mañanas en la antigua ferretería del Sr. Weiss, el más tenaz de los investigadores del movimiento perpetuo, y la languidez de las tardes en casa de la Sra. Isabel Demiel, saboreando unos bollos recién horneados con su correspondiente botella de anís, se han visto sustituidas por el desasosiego y la presión de la venta de máquinas limpiadoras a domicilio. Derrotado por el calor y las calles, Amador toma su gran decisión y coge un tren hacia Sandville, un lugar nada fácil de encontrar, y menos aún de abandonar.
Sandville es un lugar geométrico, el espacio más simple donde el tiempo tiene sus propias reglas, y donde los cuerpos simples tienen la oportunidad de tomar conciencia de su propia naturaleza. En ese lugar, al que han llegado muchas vidas huyendo de la complejidad, termina Amador por olvidar aquello que fue, y aceptar su nuevo destino. Sólo hay algo que no acaba de comprender… ¿Por qué nunca llueve en Sandville?

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