Desmonte

Úrsula Alonso
El poema nunca nos depara nada más que su inmanencia. Lo que hay al otro lado de la puerta no importa. Lo que cuenta es llegar hasta ahí. Y arder. Apenas eso: lo que el poema revela en el preciso y descarriado instante en el que se disuelve el sentido. Y corta la respiración. _x0093_Al final del sufrimiento/ me esperaba una puerta_x0094_, denuncia hábilmente Louise Glück. Debemos renunciar, para leer poesía, a toda vanidad filosófica. Debemos dejarnos _x0093_desmontar_x0094_ para acceder. Todo buen poema arrastra tras de sí un arte poética. Así Desmonte: varios poemas en pos de una unidad que trama, por lo bajo y lo sombrío, un ars poética para desandar. Úrsula Alonso deja caer el peso de la existencia en un título nada complaciente. Más que refractar, absorbe. Más que derramar, vacía. No siempre tan preciso, tan abarcador, tan representativo de una totalidad. Su potencia íntima y su potencia universal. Su potencia metafórica y su potencia real. El paisaje familiar, por un lado; el paisaje del campo por el otro. Ambos se funden en una lírica que desarma, derrapa y recompone. _x0093_Como el árbol/ habito la nostalgia/ para sobrevivir al olvido_x0094_, dice Alonso. Y en diálogo con Glück: _x0094_ Lo que vuelve/ del olvido vuelve/ para encontrar una voz_x0094_.

 María Malusardi

 

 

 

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