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Los escritores y la autoexigencia

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Los escritores y la autoexigencia

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Soy escritor y tengo que trabajar como tal. Una rutina adecuada, las horas de sueño recomendadas, una buena alimentación, un horario de escritura, lecturas de calidad, una agenda ordenada, etc. Todo casi perfecto, pero no encuentro la inspiración, siento que las ideas no fluyen, y las que sí, no me resultan lo suficientemente buenas. No escribo suficientemente bien. No soy suficiente. ¿Soy un mal escritor?

Si te sientes identificado o identificada con el párrafo anterior, antes de recomendarte seguir leyendo este post, lo mejor será que respires hondo. La profesión de escritor, como otras muchas, especialmente las que requieren creatividad e ingenio, suelen suponer una gran carga emocional a quienes la ejercen. Es fácil caer en el exceso de autoexigencia, lo que lleva, en contra de todo pronóstico a un estancamiento de la fluidez de ideas.

Soy escritor, ¿me exijo demasiado?

Ser constante en la tarea de escribir está muy bien, es necesario, y una parte fundamental del proceso, pero también son necesarios los descansos. Estos descansos no son solo diez minutos entre párrafo y párrafo. Eso no sería un descanso, sino una interrupción.

Cuando hablamos de descansos hacemos referencia a un respiro y desconexión. Eso hará que tu cuerpo y mente se renueven y sepan llegar de nuevo al camino en el que generas todas tus ideas para continuar escribiendo.

Es cierto que hemos hablado de la necesidad de estar atentos, con los ojos bien abiertos, libreta en mano, receptivos. Nunca sabemos dónde puede estar la chispa, la inspiración. Pero también forma parte de una rutina disciplinada saber desconectar de esto, y conectar con uno mismo. ¿Os imagináis a un profesor que estuviera 24 horas atendiendo a sus alumnos? ¿O a un cocinero que pasara 24 horas entre fogones? ¿O a un diseñador que jamás dejara el taller? No. Esto sería inviable. Lo mismo te ocurre a ti, escritor, escritora.

Esta actitud insaciable, inagotable, querer siempre más es como estar corriendo tras una bola de nieve. No se va a detener, a menos que se deshiele. Deberás ser tú quien tome las riendas, y los frenos. De lo contrario, podría generar trastornos graves de ansiedad o depresión, los cuales no se solucionarían con meras técnicas de relajación, sino que deberían ser tratados por un profesional de la salud.

Ser escritor y aprender a descansar

No es sencillo librarse de algo que se tiene tan interiorizado como los altos niveles de exigencia, que generalmente no se aplican solo a un aspecto de la vida, sino a toda actividad. Es complicado, pero es posible. A diferencia de lo que pueda parecer, no te vamos a recomendar aquí que te alejes de los lápices, papeles, o teclado. Pero sí que si lo haces, te dejes llevar. Que no te cuestiones si es suficiente o no. Que no te exijas más. Que no te martirices si no es tan bueno como lo de ayer, o eso crees.

Afrontar la ansiedad o angustia que puede generar una exigencia demasiado alta es complejo, pero lo primero que has de hacer es comprender que no hay vara de medir, en estos momentos no. No tienes que ser como nadie, ni mejor que nadie, ni siquiera que tú mismo. Ahora es el momento de respirar hondo, de dejarse llevar y de entender que cada momento y etapas son diferentes. Aprovecha la época estival para tomarte un respiro. Unas semanas.

Una buena manera de comenzar a lidiar con esta sobrecarga es marcarte pequeños retos. Por ejemplo, escribir aquellas frases que más te repites a ti mismo o misma y te generan ansiedad, y proponerte no decírtela en tres días, o no decírtelas más de dos veces. Puede parecer un ejemplo simple, pero es no siempre fácil de lograr, y ayuda a visualizar cuánto perjuicio nos causamos a nosotros mismos.

Ahora sí, te dejamos respirar hondo y dejarte llevar.

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