Proceso político contra el último de Filipinas

Juan Hernández Hortigüela
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Tras la guerra de Estados Unidos contra España en las Islas Filipinas, el año 1898, el arzobispo de Filipinas, el fraile dominico Fray Bernardino Nozaleda y Villa, quedó encargado en Manila para despachar los asuntos pendientes eclesiásticos de su diócesis y algunos otros asuntos civiles representando al gobierno español. Permaneció en Manila hasta el año 1902, es decir, tres años después de la salida de Manila de los últimos soldados españoles, considerados popularmente como los últimos de Filipinas.
El arzobispo Nozaleda, durante su desempeño en la mitra de Manila, tuvo que soportar tres guerras: la guerra hispano-filipina de 1896, la guerra de los Estados Unidos contra España, en el año 1898 y la sangrienta guerra filipino-norteamericana, iniciada en el año 1899 y finalizada en el año 1902, con un balance de más de un millón de muertos filipinos.
Por si sus preocupaciones y penalidades no fueran suficientes, el arzobispo Nozaleda tuvo que sufrir, durante sus dos últimos años en Manila, el cisma de una importante parte de la iglesia católica secular filipina, viéndose obligado a excomulgar al obispo cismático Gregorio Aglipay, cofundador de la Iglesia Filipina Independiente o Aglipayana (I.F.I)
Pero otras penalidades, mucho más graves, esperaban a este religioso a su llegada a la Metrópoli, que el autor considera como el verdadero último de Filipinas. El gobierno de don Antonio Maura le nombró arzobispado de Valencia, vacante en esas fechas; la oposición al gobierno, representada por los liberales de izquierdas, el resto de las izquierdas opositoras y la estrecha colaboración de la siempre anticlerical masonería, se opuso a tal nombramiento. La mayoría de la prensa, muy bien dirigida por las fuerzas anticlericales de izquierdas, se empeñó en una violenta campaña contra el arzobispo, consistente en proferirle graves y obscenos insultos, acusaciones de todo jaez e, incluso, con amenazas de muerte.
El problema se hizo tan popular que fue conocido como la Cuestión Nozaleda, hasta convertirse en una gran discusión política en el Congreso de los Diputados.
Representa esta obra un excelente estudio de investigación histórica, en la que se incluyen breves capítulos de nuestra olvidada Historia en las queridas Islas Filipinas.

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