Isbiliya, la ciudad que me dio nombre

Antonio Reche García
Me llamo ISBILIYA por deseo de mis padres, por haber tenido el privilegio de venir al mundo en la ciudad que llamaron de los cinco nombres: la Híspalis fenicia que fundara Melkart, la Colonia Iulia Romula que Julio César rodeara de muros y torres altas, la Spalis visigoda de San Isidoro y San Leandro, la Isbiliya que cantara al-Mutamid el rey poeta y la Sevilla, reconquistada por Fernando III el Santo, que nos cautiva y embriaga de luz y azahar cada primavera.
Y me eligieron por nombre ISBILIYA porque para ellos represento la bendición, como el Alcázar de al-Mubaraw, la esbelta belleza del alminar reconvertido de la antigua mezquita-aljama que conocemos como Giralda, el fresco rumor de la alberca del palacio de al-Buhayra, la serena cadencia de la música andalusí, la tolerancia religiosa y la simbiosis de las tres culturas – cristiana, judía y árabe – que coexistieron en relativa paz en esta tierra durante más de quinientos treinta y seis años, desde que Músa b. Nusayr entrase en ella en Julio de 712 hasta que el almohade Axataf entregara sus llaves a San Fernando en noviembre de 1248.
Y si me pusieron ISBILIYA que mejor que bautizarme en la Catedral de la otra orilla, más antigua que la Magna Hispalensis. Por algo ¡Sevilla siempre fue un barrio de Triana!
Por todo esto y, porque ISBILIYA tiene nombre de mujer… ¡Así me llamo!
(Texto repartido a los invitados a mi bautizo, el 23 de septiembre de 2001)

Libros similares