Idea, lenguaje y simbolismos en la Plaza de España de Sevilla

Pedro Mora Piris
La Exposición iberoamericana de 1929, surgió como una utopía, en el momento menos adecuado política y socialmente, pese a todo, los argumentos esgrimidos por los promotores llegaron a buen fin. Las obras duraron más de 15 años, la terminación de las mismas acalló a los agoreros, dándose así el primer gran impulso de desarrollo que Sevilla demandaba. Sin embargo, los conflictos en Marruecos, las huelgas y crisis económicas, la I Guerra Mundial, la crisis de los años 20 representaban los peores augurios.
Sin embargo, en 1929, la Exposición iberoamericana supuso situar a Sevilla al frente de su futuro. Sevilla y su río, había sido el cordón umbilical de un Imperio y entonces se consideró llegado el momento de impulsar el reencuentro con los pueblos hermanos.
La plaza de España, convertida en icono de la ciudad, sintetiza, un pensamiento, despertar el adormecimiento patriótico latente desde la crisis del 98. Todo ello lo apreciamos en la “arquitectura parlante” que a modo de excelsa pedagogía consiguió materializar su arquitecto Aníbal González.

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