Todos los días muere alguien
El libro lacre / I
Eduardo Noriega
Andanzas en tierras malvadas, entre luchas y magia, en pos del Libro Lacre.
En Homeria, tierra de dioses olvidados, un bardo ambulante vende su arte al mejor postor para sobrevivir. Camino de su ansiado destino, se topa con un misterioso hombre y su perro, que parecen ser perseguidos por un poderoso noble. El fugitivo va tras la pista de un anciano que debería darle noticias del Libro Lacre, un maravilloso y arcano libro del que nadie tiene noticias desde hace siglos y que contiene unos secretos tales que podrían revolucionar el mundo conocido hasta entonces.
Sin embargo, una antigua disputa entre dos influyentes clanes interfiere en los anhelos de los habitantes de Homeria. Cuando la contienda velada se convierte en guerra abierta, juglar y viajero tendrán que desafiar a la suerte cada día para poder subsistir.
Guerras familiares y familias en guerra, intrigas palaciegas y palacios intrigantes, memorias turbadoras y turbaciones memorables, criaturas…
- Género
- FICCIÓN Y TEMAS AFINES
- Año
- 2018
- Páginas
- 490
- Encuadernación
- Tapa Blanda
- Dimensiones
- 160 × 235 mm
- Precio (papel)
- 24,04 €
- Precio (ebook)
- 2,99 €
- ISBN
- 9788417715533

Sobre Eduardo Noriega
Eduardo Noriega Seijas se cocinó en San Vicente de la Barquera, Cantabria, con una pizca de ingrediente leonés en la receta. Una naturaleza tan curiosa como perezosa hizo que su interés por la lectura comenzase antes que otros, como la comida o el baloncesto. En mayor o menor grado, esas y otras aficiones aún sobreviven: todas importantes, ninguna imprescindible. Cuando la vida le echó del nido y partió a estudiar Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, inició una trayectoria que le llevó a sentir lugares, disfrutar personas y trabajar en obras a lo largo y ancho de media España. Gracias a esa suerte, entre otras cosas, es lo que es. Este tomo inaugural de la serie “El Libro Lacre” es la primera de sus obras puesta en forma de libro. El resto de su producción literaria, relatos breves que en su mayoría sirvieron básicamente para conseguir autocomplacencia y algún dinero con el que comprar cervezas, no alcanzan a ser llamados así, pero pusieron la primera piedra en un camino que él mismo aún no sabe hacia dónde conduce.
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