El silencio de Ubaga
Trilogía: Entre la verdad y la razón
Ángel Bernardo Arechinolaza Garrido
“Una leyenda riojana de Luz y sombras”
En el corazón de la sierra riojana, el Monasterio de Nuestra Señora de Ubaga guarda secretos que el tiempo no ha conseguido sepultar.
Corre el año 1110, y una presencia antigua parece agitarse entre sus muros de piedra y silencio. Axia, criada en los bosques, llega al monasterio sin sospechar que su destino lleva mucho tiempo escrito en la oscuridad. Elías, escriba del scriptorium, descubre unos manuscritos ocultos que hablan de una promesa sellada por doce mujeres. En la cripta, bajo signos borrados y nombres casi perdidos, reposa un legado que jamás debió ser perturbado.
Cuanto más avanzan en la búsqueda de la verdad, más se desdibuja la frontera entre la fe y una fuerza mucho más antigua e inquietante. Cuando nace Benito, marcado por un signo inexplicable, el monasterio comienza a reaccionar como si estuviera vivo.
- Género
- FICCIÓN Y TEMAS AFINES
- Año
- 2026
- Páginas
- 362
- Encuadernación
- Tapa Blanda
- Dimensiones
- 160 × 235 mm
- Precio (papel)
- 20 €
- Precio (ebook)
- 7 €
- ISBN
- 9790279037289
Ángel Bernardo Arechinolaza Garrido (Logroño, 28 de enero de 1981). Mi historia comienza en Ezcaray, marcado por la ausencia temprana de mi padre Jesús Carlos y el ejemplo inquebrantable de mi madre, Blanca. De ella aprendí el valor del esfuerzo; la VI trabajar sin descanso en dos empleos para sacarnos adelante a mis dos hermanos y a mí, grabándome a fuego unos valores que hoy son mi brújula. Empecé a trabajar a los trece años en una panadería mientras estudiaba, y desde entonces no paré: desde la fábrica de butacas que me permitió recorrer casi todo el mundo, hasta Los veranos y fines de semana como camarero en el mítico bar Roypa, donde encontré a la familia que uno elige. A los 32 años, mi vida dio un vuelco irreversible. Un diagnóstico de una enfermedad rara, el síndrome de Tarlov, me sumergió en un laberinto de dolor crónico, cirugías y una incomprensión médica que casi me arrebata la esperanza. Tras enfrentar una relación de maltrato psicológico y un proceso judicial doloroso —donde fui el primer hombre en La Rioja en ganar un juicio de este tipo—, toqué fondo. En 2015, tras un intento autolitico, ingresé voluntariamente en la planta de psiquiatría del Hospital San Pedro. Allí, entre cuatro paredes, ocurrió algo inesperado: descubrí el mundo salvador y sanador de la lectura y la escritura. La vida me ha golpeado duro, llevándose a mi madre en 2016 y obligándome a usar una silla de ruedas a los 42 años. Sin embargo, me defino con una sola palabra: resiliencia. Me formé en Historia del Arte y Psicología a través de la escritura para dar sentido a mi proceso. Hoy, gracias al apoyo incondicional de mis hermanos Rafa y Carlos, de mis grandes amigos y, sobre todo, al motor de mi vida, mi hija Estela —y el sanador perdón silencioso de mi hija Alba tras diez años de distancia—, he vuelto a ser el Ángel feliz que siempre fui. Escribo porque las palabras me devolvieron la vida, Publico mis novelas convencido de que, incluso cuando la vida limita el cuerpo, la escritura siempre encuentra la manera de dar alas.
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